El cariño se demuestra en lo pequeño
EL CARIÑO SE DEMUESTRA EN LO PEQUEÑO: El domingo en casa de una amiga.
Mayte y yo hacía 10? años que no nos veíamos. La última vez también al pasar yo por su ciudad de camino hacia alguna parte...,y no es que vivamos lejos, más bien no; el asunto está en que ella ha viajado con su marido a varios países, permanecido en ellos por razones de trabajo- lógicamente su papel era acompañarle- y tampoco yo he podido desplazarme hasta su casa ni tan siquiera una tarde.
La ocasión se me brindó el domingo pasado al tener que hacer un enlace en una localidad cercana a la suya y disponer de unas horas. Durante la semana anterior a vernos, ambas por separado- lo reconocimos más tarde- hicimos acopio de anécdotas, fotos, acontecimientos que merecían la pena destacar en el paréntesis de nuestros últimos encuentros. Por carta sí nos habíamos contando lo esencial: como fue la boda, el parto, el segundo y tercer puesto de trabajo… pero había asuntos que requerían mayor información, si no una necesaria comunicación de ida y vuelta sobre sensaciones y dudas, admiración y nostalgias…
Nos parecemos mucho, el sentido de la familia y el hogar está esculpido y perfila todas nuestras inquietudes y deseos.
Me enseñó su casa: la verdad no muy grande pero con gusto y sobre todo ordenada y “limpita”, no sólo porque no tuviese polvo y pelusas sino porque la disposición de los muebles y los materiales ayudaban a que entre todos se mantuviese impoluto?, inmaculado?, esa fue la sensación que tuve desde luego. Nos contamos las mil “batallitas” con sus interpretaciones y muy delicadamente su marido- con la visión práctica de los hombres- nos anunció que deberíamos empezar a comer.
Aquí transcurrió el rato más agradable, encantador, entrañable, familiar… Era una mesa puesta de manera sencilla con un mantel, una vajilla y cristalería, por otro lado corriente- a decir verdad creo que las copas las sacaron del mueble del salón, supongo que ellos a diario suelen usar esos vasos más bien chatos y típicos de Duralex-. Parte del encanto estaba en las judías con morcilla que hizo Mayte, recién traídas del pueblo y que estaban… que ni en Casa Luis de Pamplona. Del horno y el “pescadito” hablaron en varias ocasiones, se les veía preocupados, esperaban que estuviese en su punto. Repetimos por supuesto de judías y dimos paso al segundo plato. También tenía el ingrediente de la huerta que eran los pimientos, ciertamente estaba todo exquisito. Y junto a éste, una ensalada de tomate y cebolla tan sabrosa como el resto de las hortalizas anteriores.
Les preocupa la educación de sus hijos, tema recurrente en los padres “no queremos abandonar su educación al colegio, a la televisión, a los amigos… queremos ser los protagonistas, los que inculquemos valores, criterios para que sean verdaderamente libres.” ¡Qué tarea tan comprometida! Hablamos del esfuerzo, del sacrificio, del ejemplo, del ir por delante en el día a día… ¡Qué heroico y por otro lado qué asequible el día a día!
Ah, se me olvidaba el “vinillo”; ¡cómo no! un Rioja y para la verdura y el “pececillo”, blanco. Acierto en la temperatura, en la elección del caldo… ¡¡qué esmero!!
Casi sin postre, salimos disparadas hacia el aeropuerto, se nos hacía tarde pero de sobra llegamos para facturar y…
Todavía sigo disfrutando de su acogida, del calor de su casa, de su hogar donde he sido recibida como una más de la familia. Y es que cada uno entrega lo que más ama. Ellos a mí su familia, su hogar. Me ayuda a pensar en la mía, en mi casa; y ahora agradezco cuántos detalles que por el hecho de ser diarios yo no registro y no los percibo con ese cariño con el que se realizan; y cuánto de mi parte todavía puedo poner para que los demás también los valoren y los disfruten. Ahí está la grandeza del hombre, el poder y el saber de la admiración que Javier Aranguren describe como: “… la admiración, el afán de saber que despierta en el alma de los seres humanos que no aceptan llevar una vida dormita”. La admiración ante lo pequeño, ante ese detalle de cariño que se esconde detrás del orden en la casa, de la ausencia de “pelusillas”, de la cocina bien recogida, del grifo sin churretillo y del vino adecuado en un día un poco especial.
Ana Lilia Benito Septiembre 2006
