Contra los naufragios
No sé si te pasa a ti lo mismo, y es que no puedo viajar sin imaginarme historias detrás de cada lugar por donde paso. Y la verdad, todo lo que despierta mi imaginación es la cantidad de luz que se refleja en ese sitio; por que casi siempre son los rayos del sol los protagonistas, los que hacen llamar mi atención.
Esta conclusión ha sido reforzada después de haber estado en la exposición de Rusia en el Guggenheim de Bilbao. Y haber quedado “hipnotizada” ante el cuadro de “La Novena Ola” de Iván Aivazovski. Me siento incapaz de transmitir a través de mis torpes palabras, las múltiples sensaciones que se experimentan al descubrirlo y contemplarlo.
Al autor le supuso la entrada en la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo. Y no es para menos. El cuadro narra como unos pocos marineros, han sobrevivido al naufragio de su barco; están agarrados al mástil como pueden, pues se les ve agotados; parece que uno de ellos intenta sacar del agua a otro, o quizá ha descubierto que está sin vida y le deja resbalar; hay pedazos de madera en las cercanías, se ve que ha sido inminente el hundimiento del barco y esto hace que ellos estén todavía perplejos y mal orientados. Ven venir la “Novena Ola”- así llamada por los expertos a una ola descomunal, tras la que seguramente perderán la vida -. Es un mar encrespado, nervioso, encabritado; realmente no se ve salida posible, la esperanza en la salvación es ilusoria. Es como si las fuerzas de la Naturaleza quisieran mostrar al hombre su poderío- cuantas veces lo pensamos ante catástrofes que hacen tambalear la seguridad total que a veces parece tener el hombre-. Y a pesar de ello, en el horizonte hay una luz, aparece un sol que irradia una paz y una esperanza que les hace recobrar el sentido y quizá algo de calma. Es una luz penetrante que atraviesa cada gota de agua, que le hace examen profundo, que le interroga por cada una de sus componentes, dejándonos ver la transparencia de cada partícula. Parece que la luz también les atraviesa a ellos, que incluso les interroga por sus vidas, pero con sosiego, con esperanza, con paz. Por encima de todo está la luz que ha todo llega y todo lo atraviesa; trasciende, está en otro plano. Y es un hito de esperanza, de calma, de vida, haciendo que la obra se convierte en una composición trascendental.
Hay siempre un Algo o un Alguien por encima de cualquier naufragio, aunque nos parezca que todo está perdido y nada es salvable. Y si como en el caso de los marineros estamos juntos, si consideramos que la Familia es como el barco, aunque se sufran naufragios todos agarrados al mástil, sin consentir separaciones, juntos sentiremos la fuerza de la luz que nos salva.
Esta vez, ésta ha sido la historia que ha leído mi imaginación en la naturaleza.
Ana Lilia Benito
Pamplona 20 Agosto 2006
